Ángel Lara Platas
En medio de una revuelta de euforia política y una vez despejadas las dudas
y especulaciones, el ex gobernador mexiquense Enrique Peña nieto llega a la
sede de su partido, el Revolucionario Institucional, a solicitar su registro
que lo acredita como el único precandidato a la presidencia de la República.
El evento, que congregó a varios miles de simpatizantes procedentes de todo
el país, denotaba un claro espíritu de concordia política y de esperanza para
devolverle a su instituto los rasgos de liderazgo y conducción social que distingue
a las organizaciones democráticas.
La desenfrenada carrera en la que nadie se atrevía a quedar a quedar atrás
en la persecución de la aureola presidencial, con la unidad que ahora presenta
el tricolor prácticamente nadie duda quien será el ganador.
De acuerdo a las diferentes mediciones encuestológicas practicadas hasta el
momento, el triunfo del precandidato Peña pareciera tenerlo en su portafolios
rojo. Bajo esta percepción, los principales cuadros priistas siguiendo las
leyes de la gravitación política, analizan en prospectiva los problemas que inmediatamente
después de la toma de posesión tendría que atender con atingencia.
Voces interesantes dicen que se deben dejar atrás las decisiones tibias y
los radicalismos ruidosos, para darle entrada a un gobierno de decisiones más
pensadas y más acordes con la realidad y las necesidades de los mexicanos.
Sugieren además, un rediseño de las instituciones gubernamentales y una
remodelación de las políticas específicas.
Saben que armar el rompecabezas en el que se encuentra el país es un asunto
de varios años. No sería suficiente la pasión revolucionaria ni los discursos
panegíricos.
Una de las tareas prioritarias del presidente entrante, sería articular la
Secretaría de Gobernación a fin de que retome su papel del mejor instrumento para la toma de decisiones.
Corresponde a esta Secretaría no tan solo deben atender los problemas, si no
atenderlos bien y a tiempo. Incluso, debe ir más allá.
El Titular de Gobernación debe contar con la información suficiente para
ofrecer soluciones antes de que se manifiesten. Debe ser el ojo avizor de
cuanto ocurra o esté por ocurrir Es decir, desde ahí se deben construir los
acuerdos bajo las fórmulas de la concordia y la pluralidad de ideas. Tendrá que
transitar por la ruta de los equilibrios y contrapesos.
Por todo ello, ese lugar deberá ser ocupado por una de las personas de más
confianza del próximo presidente. Tal vez frío, calculador, pero con una
sensibilidad política fuera de dudas.
Tendrán que remodelarse las instituciones que la inconclusa transición echó
a perder. El sucesor de Calderón, tendrá a cuestas el compromiso de iniciar
también el verdadero cambio democratizador que le urge a México entero, con las
estrategias y políticas adecuadas
Si bien es cierto que todos nos igualamos ante las urnas, nuestra sociedad
es muy plural, diversa y multicultural.
Con su presencia, gobernadores, senadores, diputados federales y locales,
presidentes municipales y todo tipo de líderes obreros, campesinos, y miles de
prosélitos congregados todos en el registro de Enrique Peña Nieto el pasado 27
de noviembre en la sede del comité nacional del PRI; parecían urgirle a su
abanderado la necesidad de hacer lo que se detuvo desde hace doce años.
Queda más que clara la intención de los tricolores de domiciliar en Los
Pinos al descendiente directo del prestigiado político, diplomático y ex
gobernador del Estado de México, Isidro Fabela Alfaro, quien fuera el verdadero
fundador del Grupo Atlacomulco.
Pero por supuesto que no todo es algarabía dentro del equipo del
mexiquense. Sus asesores en política coinciden en afirmar que con el triunfo
estaría comprando boleto para la rifa del tigre.
En el PRI nacional todavía permanecen los manteles largos de la gran
comilona. Hubo ración y fiesta proselitista
para todos. Los tambores y las trompetas se siguen escuchando en todos y cada
uno de los municipios de la República Mexicana; hay que recordar que uno de los
activos de este partido es su estructura en todas partes.
Sin embargo, no soslayan que el respiro de tranquilidad se da por la
prudencia reflexiva y experiencia política de otro de los principales actores
de la contienda: Manlio Fabio Beltrones.
Le tocó a Manlio una de las decisiones más importantes de este proceso
electoral en lo que corresponde a las decisiones internas del Revolucionario
Institucional. Con su característica caballerosidad, se hizo a un lado, para
que el de Atlacomulco (título que también le pertenece al precandidato por su
vínculo de consanguinidad con el creador del grupo Atlacomulco), llegara solo
al registro interno.
El detalle le da crecimiento a su figura de ente político. Lo fortalece
como un hombre de instituciones que decidió, antes que otra cosa, dirimir las
controversias en el seno de su partido. Dio una verdadera lección de una
disciplina congruente con sus ideales y su posición de militante. Todo en aras
de la unidad.



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